Archive | abril, 2010

Tania Bruguera: el retorno de lo banal

1 Abr

Va esta nota de Rosa Naharro (y Naharro no yerra) donde es palpable el inevitable proceso de banalización de la marca Bruguera, que quedó bastante afectada por la fuerte rechifla que tuvo en nuestro país y que a diferencia del “revuelo” que ha obtenido en otros lares (generalmente en revistas de arte y medios impresos) aquí se le sirvió como especialidad de la casa inmediatamente despues de su performance (luego de una dieta de varios días le figuró convalecencia un buen tiempo back home)

Catalina Vaughan

“Inocentes sabotajes” de Tania Bruguera

Después del varapalos (dura crítica, reprimenda) recibido tras su última acción en Bogotá, tras repartir cocaína entre los asistentes a un congreso en la Universidad Nacional de Colombia, Tania Bruguera vuelve a realizar una serie de acciones, ahora si, con más cautela, en distintos museos e instituciones de Europa.

Phronesis es el título de la nueva exposición de Tania Bruguera en la galería Juana de Aizpuru, en Madrid. Este término, que podríamos traducir por “prudencia”- entendida como conocimiento práctico que guía una acción o comportamiento- se desmarca de lo que hasta ahora han sido las acciones de esta artista, conocida internacionalmente por su im-prudencia. De ello, dan fe sus múltiples acciones: se ha paseado desnuda con un ternero degollado al cuello, ha comido tierra (de Cuba, claro); ha impartido un curso-performance de cómo fabricar bombas molotov; ha metido caballos en la Tate Modern, con policía londinense incluida, para que controlara a los visitantes y hasta ha jugado a la ruleta rusa- ¿arriesgando su vida?- (Autosabotaje, 2009, Bienal de Venecia). Es quizá su última acción, realizada el pasado año en Bogotá, durante un festival de performance, la que más polvareda ha levantado, por sus descaradas connotaciones políticas en un país de narcos: la artista repartió cocaína entre los asistentes a dicha charla.

Que sus obras molestan, está claro. Y ello se debe a que sus acciones además de ser políticas, generan política, he ahí el conflicto. La artista trabaja directamente con la realidad, o más bien, con sus miserias y contradicciones, y esto es lo que cuesta digerir: el sacrificio de la estética a favor de una ética. Desde sus primeros trabajos, donde la performatividad y el cuerpo humano, especialmente el de la mujer, ocupaban gran parte de sus reflexiones- cercano al trabajo de Ana Mendieta, Gina Pane o Marina Abramovic-, la artista ha ido ampliando ese mismo concepto (político siempre) al cuerpo de lo social. Su arte ha evolucionado hacía un Arte de Conducta, como así se denomina la cátedra que dirige y que imparte en el Instituto Superior de la Habana, donde se experimenta y enseña el arte de la performance.

Ahora bien, las acciones propuestas por la artista en esta ocasión, lejos de provocar, han sido realizadas sin un público, y sin causar demasiado revuelo. Durante un mes, tiempo que ha durado la exposición, la artista, cada lunes, miércoles y viernes, ha improvisado un pequeño acto de subversión en distintos museos e instituciones de Europa: organizar, durante la inauguración de la exposición, una sesión de tatuaje en la que inscribía insignias revolucionarias en la piel de los asistentes (con tinta efímera, como todo espíritu revolucionario…); lamer una escultura de Richard Serra en el Museo Reina Sofía (la famosa escultura perdida de 38 toneladas de peso); permanecer tumbada en el suelo del Louvre con un periódico que da la noticia de la muerte de un disidente cubano (mientras la artista escucha con auriculares un discurso de Fidel Castro pronunciado en 1961 sobre las artes); robar el móvil al director del FRAC de Lorraine o descolgar fotos de profesores de una universidad, son algunas de estas acciones-fechorías.

Después, Tania enviaba las fotografías realizadas desde un dispositivo móvil, vía email, a la galería, para que fueran colgadas como material documental en las paredes de la misma. En este caso, la galería es simplemente el depositario de unas imágenes (mal enfocadas y de pequeño formato, aunque hemos de suponer, comerciales). Ante la progresiva desmaterialización del objeto, cabe preguntarse si será éste, el ser meros contenedores de archivos, el futuro de galerías y museos. Por otra parte, tiene su lógica que así sea en el caso de las performances, por su misma condición y porque nacieron contra-fuera de las instituciones.

Lo cierto es que si comparamos estas acciones con el resto de su producción artística, de gran calado político y hasta traumático, no pueden dejar de resultarnos pequeñas bromas o sabotajes inocentes, e incluso, banales, independientemente del significado que se les asigne. Y eso a pesar de que la intención de la artista es evidente: arremeter contra lo que ya es un hecho, la institucionalización de la performance. Una disciplina a la que siempre se le atribuyó un poder de resistencia frente a la mercantilización, y que hoy parece abocada a la espectacularización. De cualquier manera, reflexionar sobre los orígenes y el futuro de la performance es de vital importancia, aunque sea a través minúsculos gestos…de ahí que Tania Brugera vuelva a los orígenes de la disciplina y plantee un concepto de “performance ambulante”- en distintas ubicaciones- y hasta ilegal (o alegal, más bien) donde la acción, siempre irrepetible, transcurre-acontece sin el beneplácito de la institución donde se desarrolla.

publicada en A Desk

***

Lecturas recomendadas:

En Torno Al Performance De Tania Bruguera

Polémica En Los Medios Por El Performance De Tania Bruguera

Suite Affaire Bruguera

Va esta nota de Rosa Naharro (y Naharro no yerra) donde es palpable el inevitable proceso de banalización de la marca Bruguera, que quedó bastante afectada por la fuerte rechifla que tuvo en nuestro país y que a diferencia del “revuelo” que ha obtenido en otros lares (generalmente en revistas de arte y medios impresos) aquí se le sirvió como especialidad de la casa horas despues de su performance (luego de una dieta de varios días le figuró convalecencia un buen tiempo back home)

Catalina Vaughan

“Inocentes sabotajes” de Tania Bruguera

Después del varapalos (dura crítica, reprimenda) recibido tras su última acción en Bogotá, tras repartir cocaína entre los asistentes a un congreso en la Universidad Nacional de Colombia, Tania Bruguera vuelve a realizar una serie de acciones, ahora si, con más cautela, en distintos museos e instituciones de Europa.

Phronesis es el título de la nueva exposición de Tania Bruguera en la galería Juana de Aizpuru, en Madrid. Este término, que podríamos traducir por “prudencia”- entendida como conocimiento práctico que guía una acción o comportamiento- se desmarca de lo que hasta ahora han sido las acciones de esta artista, conocida internacionalmente por su im-prudencia. De ello, dan fe sus múltiples acciones: se ha paseado desnuda con un ternero degollado al cuello, ha comido tierra (de Cuba, claro); ha impartido un curso-performance de cómo fabricar bombas molotov; ha metido caballos en la Tate Modern, con policía londinense incluida, para que controlara a los visitantes y hasta ha jugado a la ruleta rusa- ¿arriesgando su vida?- (Autosabotaje, 2009, Bienal de Venecia). Es quizá su última acción, realizada el pasado año en Bogotá, durante un festival de performance, la que más polvareda ha levantado, por sus descaradas connotaciones políticas en un país de narcos: la artista repartió cocaína entre los asistentes a dicha charla.

Que sus obras molestan, está claro. Y ello se debe a que sus acciones además de ser políticas, generan política, he ahí el conflicto. La artista trabaja directamente con la realidad, o más bien, con sus miserias y contradicciones, y esto es lo que cuesta digerir: el sacrificio de la estética a favor de una ética. Desde sus primeros trabajos, donde la performatividad y el cuerpo humano, especialmente el de la mujer, ocupaban gran parte de sus reflexiones- cercano al trabajo de Ana Mendieta, Gina Pane o Marina Abramovic-, la artista ha ido ampliando ese mismo concepto (político siempre) al cuerpo de lo social. Su arte ha evolucionado hacía un Arte de Conducta, como así se denomina la cátedra que dirige y que imparte en el Instituto Superior de la Habana, donde se experimenta y enseña el arte de la performance.

Ahora bien, las acciones propuestas por la artista en esta ocasión, lejos de provocar, han sido realizadas sin un público, y sin causar demasiado revuelo. Durante un mes, tiempo que ha durado la exposición, la artista, cada lunes, miércoles y viernes, ha improvisado un pequeño acto de subversión en distintos museos e instituciones de Europa: organizar, durante la inauguración de la exposición, una sesión de tatuaje en la que inscribía insignias revolucionarias en la piel de los asistentes (con tinta efímera, como todo espíritu revolucionario…); lamer una escultura de Richard Serra en el Museo Reina Sofía (la famosa escultura perdida de 38 toneladas de peso); permanecer tumbada en el suelo del Louvre con un periódico que da la noticia de la muerte de un disidente cubano (mientras la artista escucha con auriculares un discurso de Fidel Castro pronunciado en 1961 sobre las artes); robar el móvil al director del FRAC de Lorraine o descolgar fotos de profesores de una universidad, son algunas de estas acciones-fechorías.

Después, Tania enviaba las fotografías realizadas desde un dispositivo móvil, vía email, a la galería, para que fueran colgadas como material documental en las paredes de la misma. En este caso, la galería es simplemente el depositario de unas imágenes (mal enfocadas y de pequeño formato, aunque hemos de suponer, comerciales). Ante la progresiva desmaterialización del objeto, cabe preguntarse si será éste, el ser meros contenedores de archivos, el futuro de galerías y museos. Por otra parte, tiene su lógica que así sea en el caso de las performances, por su misma condición y porque nacieron contra-fuera de las instituciones.

Lo cierto es que si comparamos estas acciones con el resto de su producción artística, de gran calado político y hasta traumático, no pueden dejar de resultarnos pequeñas bromas o sabotajes inocentes, e incluso, banales, independientemente del significado que se les asigne. Y eso a pesar de que la intención de la artista es evidente: arremeter contra lo que ya es un hecho, la institucionalización de la performance. Una disciplina a la que siempre se le atribuyó un poder de resistencia frente a la mercantilización, y que hoy parece abocada a la espectacularización. De cualquier manera, reflexionar sobre los orígenes y el futuro de la performance es de vital importancia, aunque sea a través minúsculos gestos…de ahí que Tania Brugera vuelva a los orígenes de la disciplina y plantee un concepto de “performance ambulante”- en distintas ubicaciones- y hasta ilegal (o alegal, más bien) donde la acción, siempre irrepetible, transcurre-acontece sin el beneplácito de la institución donde se desarrolla.

publicada en A Desk

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