Archive | septiembre, 2007

el club de los periodistas narrativos

14 Sep

Uno de los síntomas de la privatización de lo público (léase espacio público, esfera pública, bien común) es la desaparición de la crítica. Nada más incómodo que le cuestionen a uno su empresa editorial o cultural. Como lo señala el periodista Fernando Gómez, los críticos “hablan mucho y no hacen nada”. Y esta es una visión generalizada. (“Ay! dejen de criticar tanto y pasen a la acción… esos críticos no son más que una manada de locos y resentidos”)

Inclusive un galerista como Carlos Hurtado, responde a las críticas con afirmaciones como las que se pueden leer en su artículo de Arteria: El estereotipo que hoy empieza a reinar en algunos críticos de “niño rico pobre” que vertiginosamente se copia en las universidades, y en el que por una moda, que vaya uno a saber dónde pudo tener éxito, los ha llevado a hablar mal del coleccionismo y del mercado simplemente porque sí, a tener una apariencia física de hippies y a pasar de pseudointelectuales recitando autores para confundir espectadores, genera ya un enorme aburrimiento.

Antes, se subían al ring Hoyos y Roca (buen arte vs arte-contemporáneo), ahora el enfrentamiento de fondo parece ser entre la crítica de arte y el periodismo narrativo. Para la muestra, dos perlas: el video donde aparecen -entre otros- Andrés Hoyos (Malpensante) y Fernando Gómez (Don Juan) y una participación de este último en la desaparecida Columna de Arena (Roca), donde se lamenta por la ausencia en nuestro medio de crítica de arte (ahora, que supestamente la hay, el reclamo es que no debe limitarse a ejercer una reflexión crítica, sino también a gestionar festivales y bienales….)

Iba a escribir mi columna en Semana sobre la falta de público en los museos y galerías, en lo gratificante que es ver cientos de personas todos los días viendo las fotos de la carrera 15 y en lo triste que es ir a la Luis Ángel Arango, para ver de nuevo a Garaicoa, y no ver a nadie. En fin. Este es un borrador – inconcluso – pero creo que queda bien en sus discusiones.

¿Hace cuánto que el arte dejó de ser arte para convertirse en un club privado? En las galerías y los museos asustan. No hay nadie. Los únicos que comentan la evolución o la involución de tal o cual artista son los mismos artistas. El resto es mentira. Una casualidad: el lunes de la semana pasada la galería Diners estaba abarrotada. Había unos 25 o 35 jóvenes recorriendo la exposición de Guillermo Londoño, señalaban sus pinturas, hablaban del color, sin discutir si era bueno o malo, se paseaban por sus esculturas, pedían afiches y catálogos de los otros artistas en exposición, Armin Tröger y Álvaro Diego Gómez, y seguían charlando animadamente; ¿un milagro?

Los 25 o los 35 jóvenes eran estudiantes de enfermería (!), ninguno había ido por cuenta propia sino por obligación, uno de sus profesores les había pedido que fueran y ahí estaban, el profesor, un hombre menudo, de unos 30 años, con canas prematuras y voz extremadamente suave, era el milagro: »hace poco me pidieron que los llevara a la exposición de Picasso«. Los había entusiasmado. Los había hecho entrar al club sin pase de invitación. Había logrado una meta que debería estar en la mente de los artistas colombianos pero que, en pocas palabras, no les interesa.

Jaime Iregui, director de la galería Espacio Vacío, tuvo una idea brillante. A través del e-mail momentocritico@egroups.com convocó a un gran número de artistas y personas relacionadas con el medio para discutir sus problemas. Se discute y se discute bien, pero lo más asombroso es que, por lo general, todas las discusiones llegan a un punto extremo: no hay crítica de arte. A ninguno le importa si la gente va o no va a sus exposiciones, lo que les importa, lo que realmente les molesta es que no hablen de ellos.

Y…

Bueno, aquí me detuve porque me dijeron que dejara esa columna, que mejor lo convirtiera en tema con estadísticas, recuadros y declaraciones de los protagonistas. Pero ya que han discutido tanto de medios de comunicación me parece interesante que opinen del trabajo que esos medios hacen para que alguien vaya a ver su trabajo y de lo que hacen ustedes (ya que los medios son tan ineptos) para que la gente se acerque a lo que hacen. Ir a una exposición de arte es como ir al cine, y como en el cine hay exposiciones de la talla de Stallone y exposiciones de la talla de Bergman. Pero supongo que a ninguno les interesa que haya gente haciendo fila para ver sus exposiciones. Todos se sienten más cómodos diciéndose maestros los unos a los otros.

Los medios podrán ser muy malos, pero al menos la gente los lee, y no falta el parroquiano que se interesa gracias a un texto mal escrito, por esas obras tan magnánimas que están en vuestro inmaculado club.*

Catalina Vaughan

*Columna de Arena (17 de agosto del 2000)
http://www.universes-in-universe.de/columna/col29/foro/08-17-gomez.htm