Archivo | septiembre, 2006

al rojo vivo

26 Sep



Esta imagen transmite un mensaje claro y contundente: no sólo las relaciones entre Cuba y Venezuela están al rojo vivo, también lo está la relación entre sus líderes, que según un diario venezolano
pasa por un idilico momento armonizado con el rojo de la pasión.(“camaradas: la relación con la hermana República Bolivariana de Venezuela pasa por un momento inigualable. Nos separa el mar, pero nos une el petroleo y la más intensa pasión revolucionaria”)

En esta escena el rojo intenso se mantiene, pero en comparación con la anterior… es bastante más relajada. En ella observamos a un convaleciente Fidel Castro entregando severo regalo a su homólogo venezolano. El obsequio es ni más ni menos que un retrato del comandante realizado por Siqueiros (de más caché que andar pintando cuadritos a cuatro manos… que chanda!!).

Todo parece muy casual, pero si se analiza la escena con un poco de detenimiento vemos que está más construida que una fotografía de Andreas Gursky. Así la describe el diario La Jornada de México:

La cercanía del cumpleaños de Fidel Castro, este domingo, propició en el curso de la semana anterior un ambiente que favorecía algún gesto, alguna señal, de reaparición pública del mandatario. Si el mensaje iba a tener una ampliación, al parecer ya se produjo: en las imágenes difundidas esta tarde durante unos siete minutos, la escena es en una habitación de dos camas, con una ventana al fondo, en la que asoma un árbol. La parte superior de la cama de Castro está ligeramente inclinada hacia adelante. Sobre la almohada principal hay una más pequeña. A la izquierda del paciente hay un teléfono y detrás de su cabecera una radiograbadora y dos muñequitos en miniatura, que parecen representar a los dos amigos. Chávez y Castro visten igual, una camisa roja de manga larga. La del cubano lleva las banderas de los dos países entrelazadas en el pectoral izquierdo.

Aquí podemos apreciar a este par de carnales irradiando amor y felicidad… detrás de ellos, los dos muñecos que los representan (qué ternura, ¿será que se los trajo Chaves de Miami?)

Cierro con una nota del diario Granma:

“Esta es la mejor de todas las visitas que he hecho en mi vida”— diría el Presidente venezolano, quien admirado por la vitalidad del Comandante exclamó: “¿Qué ser humano es este? ¿De qué material está hecho? Es, como dicen ustedes, de caguairán”.

Fue una velada inolvidable, compartida entre hermanos de sangre y de causa, que trajo fuerzas y aliento nuevos al aguerrido comandante de mil batallas.

Catalina Vaughan

los chachos de Chapinero

2 Sep

Lamentamos que este, su periódico juvenil y objetivo de nostalgia ficción, esté dándose su último pase con este volumen IV. Esperando tiempos mejores, Chapinero ha sido comprado por la Editorial La Foca -cine en su bolsillo- propietaria de las ya consagradas Julia, Coqueta e Intimidades. Y para conservar el altísimo nivel que caracteriza sus publicaciones, nos cambiaron, mano, nos sacaron y le dieron el periódico a los manes del CEDE. Gente seria. Gente crema. Gente gentísima. Gente inclusive. Suerte a ellos, pero zonas con nosotros. Nos estamos leyendo.

Chapinero IV

La tradición de publicaciones críticas en la sabana de Bogotá es larga, como lo es el posterior desplazamiento de sus creadores a las secciones de cultura o humor de los periódicos locales. Pero más que enumerar pasquines, revistas y demás, la idea es revisar uno de sus retoños relativamente recientes. Se trata de la mítica, emblemática y otrora irreverente (años setenta y comienzos de los ochenta) revista Chapinero. Como algunos podrán recordar, ironizaba sobre el mamertismo ilustrado, el hippismo criollo, los trabetas, el rock y toda su parafernalia, los avisos publicitarios y, en su última época, la santísima institución eclesiástica. Y lo hacía con ese tono ácido que identificó y catapultó a los comités editoriales de encumbradas empresas periodísticas a Eduardo Arias y Karl Troller. (“…pues comenzaron a llamar a Arias, el de Chapinero y así resulté colaborando en Diners. Luego me llamaron de la Presidencia de la República porque chévere que Arias, el de Chapinero, hiciera unas cartillas para el Plan Nacional de Rehabilitación. Un amigo me llevó a Semana y dijo: “vean, este es Arias, el de Chapinero” y entré para hacer artículos de ciencia y tecnología y en El Espectador nos abrieron, a Troller y a mí, un campo para una página de humor”).

Sí, los mismos que integraron con el desaparecido Jaime Garzón el combo de libretistas detrás de los espacios de crítica política como Zoociedad y Quac. Los mismos chicos mimados por los Santos de El Tiempo que cada 28 de diciembre publican El Trompo. Los mismos que editaron el Diccionario de la CH (qué chanfaina tan chévere!!) y el Manual del Estudiante Vago (No confundir con el Rincón del Vago, archivo de recursos varios muy utilizado por estudiantes, congresistas, concejales y toda esa recua de políticos que hasta escribe sus discursos sin citar fuente. Puro fraude!!)

Decir que Eduardo Arias se aburguesó como editor de Cultura de la revista Semana no es para nada una acusación, sino un llamado de alerta para que la tradición crítica que este joven abanderó en décadas pasadas, no quede en olvido y se vea representada en la sección de la que es editor (que no refleja para nada la mirada inquisitiva e irreverente que lo llevó a esos cargos, y sí refleja el tono acrítico de casi todo el periodismo cultural que agoniza en un mundo editorial regido por las reglas mercado. Para rematar, sus chistes pueden volverse sosos, para la muestra, el patético Salón de Arte Marginal que promueve la sección de Eduardo Arias en el pasquín de los López)

Revisando el volumen IV de la revista Chapinero se aprecia en su portada (imagen superior) a cuatro personas en actitud obediente y disciplinada (Eduardo Arias, Karl Troller y otro par de bad boys del staff de Chapinero) frente a la Iglesia de Lourdes. En la contraportada (imagen inferior) aparece la misma cuaterna realizando actos irreverentes en la entrada de la casa cural de la iglesia. Sus adversarios más acérrimos descalificaban esta suerte de visita dadaísta como un chistecito más de los niños bien de la revista Chapinero, cuando en realidad se trataba de una visión profética: el de la naturaleza doble de buena parte de la crítica institucional. Es decir, por un lado intenta deconstruir lo establecido, lo institucionalizado y por otro, quiere alcanzar sus fines haciendo todo tipo de venias para desplegar la artillería crítica con el patrocinio ideológico y económico de la institución que crítican.

En este número de Chapinero se anuncia el fin de la revista (y el ascenso de Arias al reino celeste de los Santos y los López), y se asume con ironía un lenguaje educado, formal, sin palabras feas e insultos. Igualmente se toma una posición absolutamente pro-establecimiento al darle espacio a una nueva sección, la Columna Vocacional de la Parroquia de Central y Gallera, destinada a una serie de noticias para los feligreses como el anuncio de la instalación de una pantalla gigante en el Coliseo el Campín para que los aficionados pudiesen apreciar vía satélite, en vivo y en directo, un clásico eucarístico: la Misa de Gallo oficiada por el Papa desde San Pedro en Roma. La Columna Vocacional incluye otras perlas:

Las iglesias de la capital han sido compradas por Películas Presidente […] Os transcribo a continuación apartes de la circular que enhorabuena puso a circular la arquidiócesis: “…y la Iglesia de las Nieves, que tendrá el atrio más grande de latinoamérica, oficiará misas en matiné, vespertina y noche, con cuatro párrocos simultáneos, DOLBY SYSTEM, SENSOROUND…. Se construyen actualmente dos centros eucarísticos el del barrio Minuto de Dios, que ofrecerá al público sus cuatro modernas salas de Iglesia: Minuto1, Minuto 2, Minuto 3 y Minuto 4, y el de Pablo VI, donde funcionarán las salas Pablo VI A y Pablo VI B.


En la sección Zona de Cine, los chicos de Chapinero dejan la obsesión por reseñar el cine serio y trascendental de cinemateca y cineclub que tanto les fascina:

Hace…. queee, como un par de semanas antes de que se abriera Karl, aburridos de hacer lo que hay que hacer, de decir lo que toca decir, y de ver lo que se debe ver, decidimos por un momento, por una vez, hacer lo que no hay que hacer, no decir nada y ver algo que no vale la pena, pero sí la alegría: BROOKE SHIELDS. Es nuestro propósito en esta reseña, hacer una análisis crítico de la Laguna Azul (Titulo original: The Blue Lagoon) y particularmente de Brooke Shields, con todos (pero absolutamente todos) sus pelos y señales. Comenzamos por dar una visión profunda, crítica-materialística, histórica y dialéctica, del objeto de nuestra investigación. Analizándola en el seno de su propio microcosmos. La Shields, mediante toda su plasticidad, logra que entendamos la problemática psico-sociológica-sexual, que como ya lo dijo Foucault es el dogma de opresión de nuestro tiempo. Con Brooke uno por fin entiende, y no sólo entiende, sino que le da una solución temporal.

Cierro con un fragmento en el que arremeten contra los peques, o pequeño burgueses (al parecer, muy odiados por los chachos y chéveres chicos de Chapinero porque seguramente encarnaban todo aquello que no querían ser y, si no se cuidan, podrían llegar a ser con el paso de El Tiempo y las Semanas):

Cuando se trata de pasarla mal por plata, ahí están peques con proletos. Cuando se trata de pasarla por revoluciones, ahí están galosos con fachos.

Ahí están siempre, siempre donde no toca, siempre sobrando. Se quedaron en la mitad, sin el suficiente arribismo para aparecer en Cromos con los ojos metidos en el escote de cualquier Gloria Zea, en la fiesta de cualquier lagarto; sin el suficiente abajísmo para echarse ruana, colgarse mochila e irse a vivir con los campesinos, porque el loco, esta sociedad es alienante, lo dijo Marcuse.

Los peques, sin tiempo para soñar, pero haciendo de la vida un sueño; de salitas de estilo Artecto, de Fiat 147 con el águila, y de algún día llegar a una universidad con escala humana.

Los proletarios los odian. Los izquierdosos los desprecian. Los oligarcas los explotan..

Y si no fuera por ellos, no habría Claudias de Colombia, ni Yolimas Pérez, tampoco habrían piqueteaderos, ni barrios comerciales, ni pequeña industria, ni RTI recibiría millones de cartas, ni existiría este país.

Si ganan la revolución, en la olleta pues no hay plata para huir a Miami o París.

Si ganan los milicos, olletiados también, ni modo de soportar inflaciones del 300% mensuales.

Y son ellos los únicos que creen en Colombia; ellos, los que le mandan tamales al tio en Miami, los que venden fríjoles en Queens, los que echarían más bala si nos invade Venezuela.

De ellos la grandeza de la patria, y para ellos cualquier futuro será negro. De ellos la fe en las instituciones y para ellos el presente es gris. De ellos es la esperanza, y para ellos el pasado azul pálido y rosa claro. De ellos, el llaverito con la foto del día en el parque cuando éramos novios, de ellos, la champaña nacional, los ponqués de cuatro pisos y matrimonio coronado, Melgar o Neiva una vez al año, los domingos por la tarde en el Salitre, los pic-nics con aguacero en Sopó.

Para ellos, no hay salvadoras solidaridades, ni clubes de Leones, para ellos sólo están ellos solos, y sus tíos de provincia.

Catalina Vaughan