Archivo | agosto, 2006

sexo, crítica y video

7 Ago

”Todo mi trabajo está relacionado con lo que queremos del arte, con lo que quieren los coleccionistas, con lo que quieren los artistas de los coleccionistas, con lo que el público quiere del museo. Me interesa resaltar que ese ‘queremos’ no sólo se da económicamente, sino también en términos más personales, más psicológicos y afectivos”

Andrea Fraser

La crítica institucional no es sólo el ejercer una crítica teórica sobre las instituciones, es también una práctica artística que realiza una revisión constante de los procesos de validación e influencia cognitiva que ellas ejercen. Como lo señala Simon Sheikh en un artículo que circuló por Esfera Pública: en la ‘primera ola’, la crítica institucional adoptaba muchas formas, tales como obras e intervenciones artísticas, escritos críticos o activismo artístico-político […] en la llamada ‘segunda’ ola, desde los años ochenta, el marco institucional de alguna forma se vio expandido hasta incluir al artista (el sujeto que ejercía la crítica) en un rol institucionalizado, así como la investigación sobre otros espacios (y prácticas) institucionales además del espacio artístico.

Dentro de las múltiples obras que realizan un crítica institucional está la de Andrea Fraser. Uno de sus trabajos recientes y más controversiales fue Untitled (2003), performance en el que Andrea alquila su cuerpo a un coleccionista por US$ 20.000.oo. En la transacción, registrada en un video de 60 minutos, se puede apreciar a la artista en su encuentro con un joven coleccionista norteamericano. (la verdad, no se parecía mucho al Robert Redford que vimos en Propuesta indecente, que dicho sea de paso, habría sido tan irresistible como una propuesta para pertenecer a la colección del MoMA)

Comienza el video. Andrea Fraser entra al cuarto del hotel y camina alrededor del lugar donde se realizará el intercambio. Lleva en sus manos dos copas de vino. Luego, entra el coleccionista e inicia un proceso de seducción acorde a los términos contractuales establecidos de antemano por la galería del artista. Entre los requisitos para la participación estaba que el colaborador potencial del artista fuese heterosexual, soltero y, por supuesto, interesado en realizar la transacción.

Andrea Fraser va un paso más allá en su ensayo reciente From the Critique of Institutions to an Institution of Critique, donde afirma que ya no es posible un movimiento entre el adentro y el afuera de la institución, dado que las estructuras institucionales se han interiorizado por completo. “Nosotros somos la institución”, escribe Fraser, y concluye de esta manera que la cuestión es más bien crear instituciones críticas, lo que ella llama “una institución de la crítica”, establecidas mediante el autocuestionamiento y la autorreflexión.


Fraser también escribe que las instituciones del arte no deberían contemplarse como un campo autónomo, separado del resto del mundo, de la misma forma que el “nosotros” no está separado de la institución. Si bien yo estaría ciertamente de acuerdo con cualquier tentativa de contemplar las instituciones artísticas como parte de un conjunto más amplio de espacios socioeconómicos y disciplinarios, me confunde sin embargo el intento de integrar el mundo del arte en el actual sistema-mundo (político-económico) y simultáneamente sostener que hay un “nosotros” en ese mundo del arte. ¿Quién es exactamente ese “nosotros”? (*)

Catalina Vaughan

* voz en off de Simon Sheikh, Notas sobre la crítica institucional
Imagenes del video Untitled, Andrea Fraser, 2003.

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