imágenes bolivarianas

22 Mar

“El pasado 15 de marzo el presidente Álvaro Uribe visitó La Paz y regresó con un retrato de Simón Bolívar perfilado en hojas de coca y una misión ‘autoasignada’ de mediar a favor de los intereses bolivianos en Estados Unidos. La peculiar obra de arte no es fruto de una nueva era estética inaugurada por el presidente Evo Morales, defensor de los cocaleros, sino que se inscribe en una tradición boliviana de varias décadas, consistente en recordarle al mundo que la hoja de coca ha sido inocente producto de consumo milenario. No hay viajero, ilustre o modesto, que aterrice en La Paz y no reciba su dosis de té de coca para el mal de altura; quizá el presidente Uribe también se benefició de su reconfortante efecto.” (*)


En la foto (publicada en primera página de El Tiempo) vemos un presidente Uribe absorto y sorprendido en el momento de recibir el obsequio. Piensa muy poco y afirma: “Si para esto se usa la coca, me parece muy bien”… respuesta un tanto apresurada en este significativo gesto oficial que enmarca la imagen del Libertador. Obviamente viene de un presidente que tiene entre sus banderas la erradicación de la coca. Pero la coca también representa otras cosas, sobre todo en un pais como Bolivia.

Lo primero que vale la pena tener en cuenta es el contexto, es decir, no se trata de un acto oficial en el Palacio de Nariño, el obsequio se lo está entregando el presidente de Bolivia en su Palacio Presidencial. Segundo, Evo Morales además de representar a su país, representa el pueblo indígena para el cual la hoja de coca es parte fundamental de su cultura. Tercero, el presidente boliviano es el abanderado principal de una causa que busca reivindicar la hoja de coca en un escenario político mundial que la condena y estigmatiza. Cuarto, mientras que esto sucede, en Bogotá circula la noticia de que se va a construir en concreto un abstracto-geométrico mega-monumento a Bolívar a un costo de doce mil millones de pesos. (“Si para eso se usa la plata, me parece muy bien”)

Por otra parte, vemos también cómo el arte, la política y el mercado ocupan un lugar central en este gesto presidencial, lo cual no debe sorprendernos pues de alguna forma ese lugar lo ha tenido desde hace siglos. Así como en otras épocas los reyes encargaban a los pintores de la corte una obra para obsequiarla a un monarca amigo como muestra de su aprecio y su magnificencia, el mandatario boliviano reafirma esta tradición de larga data con este gesto que representa su lucha y su cultura. (En un momento de gran tensión política con el reino de Flandes, Luis XIV, el Rey Sol, atiza las llamas enviando como obsequio a su homólogo flamenco, una pintura que representa en primer plano el hundimiento de un barco de la Armada Real de Flandes en medio de una batalla naval con los franceses)

Continuando con la foto, podemos apreciar cómo nuestra ministra de relaciones exteriores, haciendo gala de la diplomacia y la elegancia que la caracteriza, sonrie como si nada en este momento inesperado y mediáticamente embarazoso. Detrás del séquito oficial, vemos que un segundo marco para esta escena es el palacio presidencial, que como todos los de su clase en latinoamérica, copia en la medida de lo posible el carácter suntuoso y refinado de los palacios franceses, con los que la elite criolla busca dar legitimidad estética a una imagen y a un poder que no se caracterizó precisamente por su bondad con los indigenas que sometió y, en todos los casos, explotó. (Si este gesto se hubiese dado en el Palacio de Nariño, lo más probable es que suceda completamente al contrario: el presidente Uribe obsequie a Morales una pintura de un reconocido artista indígena como muestra de que no sólo respetamos su cultura, sino que cotiza muy alto en el mercado local)

El pasado fin de semana el fotógrafo Spencer Tunick visitó Caracas. Para la muestra, una foto en la que apreciamos a parte de los 1500 voluntarios posando alrededor de una estatua del Libertador. Esta otra escena donde el arte, las lógicas del mercado y la política reaparecen de nuevo, tiene una serie de connotaciones bastante particulares. La primera es el gran apoyo logístico que el gobierno de Chávez dió a semejante espectáculo con el que el caudillo seguramente buscaba enmarcar su imagen. Dice en el boletín oficial de la Alcaldía Mayor de Caracas:

“Desde que existe el mercado de compra y venta de objetos, el arte ha sido usado para demostrar estatus social, poder adquisitivo o gran conocimiento académico. En otras palabras, el arte siempre ha estado ligado a mantener y perpetuar instancias del poder hegemónico, perpetuar el sistema de mercado y difundir miedo ante los humildes que se apabullan con frases como “tu no sabes nada” o “yo soy culto y tu no”. Sin embargo, hay creadores que han dedicado su carrera a hacer arte efímero, o diversas variedades de arte no objetual, arte que vale por los mensajes que transmite y no por que se pueden comprar y vender. Spencer Tunick es uno de ellos.Este artista, que hoy visita nuestra ciudad, llama a su trabajo creativo “escultura viviente”, y no produce objetos para vender, vende ideas, conceptos, producción de sentido que debemos analizar y digerir.”


La segunda, que contó con todo el apoyo logístico del Ministerio de Cultura, la Fundación de Museos Nacionales y el otrora elitista y excluyente Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber:

“Spencer Tunick, el reconocido artista conceptual de fama internacional, estará de visita en Caracas, el fin de semana del 18/19 de marzo de 2006. Realizará una de sus conocidas instalaciones, las cuales reúnen, en un acto voluntario, sin distinción de raza, credo o condición social, a un considerable número de personas desnudas, en lugares públicos, que son retratadas para elaborar una obra que constituye una triple confluencia de sentido: valoriza –en un mismo evento– el sentido escultórico del cuerpo humano, su plasticidad en la configuración de paisajes urbanos y la frontera que el cuerpo mismo representa entre lo público y lo privado. El Ministerio de la Cultura, la Fundación Museos Nacionales y el Museo de Arte Contemporáneo invitan a participar a todos aquellos que así lo deseen, en esta experiencia, ofreciéndoles la oportunidad única de tomar parte en la creación de una obra de arte de resonancia mundial.”



Cierro esta serie de imágenes bolivarianas con unos fragmentos tomados del diario El Universal de Caracas:

Elementos de la Policía Metropolitana de Caracas, Bomberos y de la Defensa Civil se encargaron de mantener el orden en una jornada que inició desde las 04:00 horas locales y que permitió a Tunick realizar una obra con “la belleza y el caos organizado”.

El artista de Nueva York llamó así a su nueva obra, pues dijo que esas dos condiciones son representativas de la céntrica zona de la capital de Venezuela, el quinto país productor mundial de petróleo.

A las 4:00 de la mañana comenzaron a llegar todos los que estaban dispuestos a desvestirse en plena avenida Bolívar. Algunos con batas de baño, otros recién llegados de la juerga nocturna, otros muy ligeros de ropa e incluso uno en silla de ruedas.

A las 6:15 am el artista se acercó a la multitud y un estallido de aplausos invadió el lugar. Megáfono en mano saludó, dio la orden más temida: “¡Todos pueden desvestirse!”.

A las 6:45 am empezó la sesión fotográfica. Escoltado por su equipo, Tunick se subió a una grúa y desde lo alto _a espaldas del Centro Simón Bolívar_ comenzó su trabajo. Bastaron unos minutos para alcanzar lo que buscaba. Luego bajó de su andamio para mezclarse entre los participantes y desarrolló sus otras dos poses apoyado en dos enormes escaleras, esta vez su fondo era la estatua de Bolívar; de esta forma la monumental efigie se convirtió en testigo de la desnudez caraqueña. A lo lejos algunos curiosos protestaron: “Este es un irrespeto al Padre de la Patria”. “¡Cómo se les ocurre desnudarse frente al Libertador!”, dijo una señora que replicó: “¡Caramba, realmente no tienen vergüenza!”.

A las 7:25 am, cuando los rayos del Sol empezaron a caer con más fuerza, Tunick decidió realizar un retrato tradicional, y luego los invitó a una imagen mucho más íntima sobre el túnel de las Torres de El Silencio.

A las 8:15 de la mañana concluyó la sesión y todos fueron a vestirse. “Siento que estuve en el lugar y en el momento preciso; fue una gran sensación de libertad y me encantó el contacto con gente que no conocía”, relató una dama, “vine sólo a acompañar a mi hija y a última hora decidí participar”, confesó. “Estoy feliz”, dijo Tunick, con las mejillas rojas y empapado en sudor. “Estoy fascinado con los tonos de piel que encontré en Venezuela. El objetivo se cumplió. ¡Gracias por haberme acompañado y por no haberme arrestado!”.

Al final de la sesión fotográfica, que duró unas cinco horas, el fotógrafo dijo a la estatal Agencia Bolivariana de Noticias (ABN) que las primeras fotografías que plasmó son “un misterio”.

Tunick, quien desde 1933 realiza este tipo de “mosaicos” de gente desnuda -por lo que sido arrestado varias veces en su país-, señaló que en Caracas “fue difícil trabajar porque la gente es muy exuberante, por eso tomó un poco más de tiempo”.

(*) “Los regalos de Evo” Edititorial de El Tiempo, marzo 16 de 2006.

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